aTerritorios académicos y tribus / Trabajo Social
El trabajo social históricamente presenta dificultades hacia su interior en relación a su “especificidad”, es decir lo que diferencia nuestro quehacer profesional de las demás disciplinas. Por este motivo el movimiento reconceptualizador latinoamericano intento delimitar nuestro objeto de intervención pensando que así se superaría el nuestro “problema de identidad”, pero esto no resultó así, pasamos por delimitaciones tan generales que no aportaron demasiado a dicho problema ni ayudaron a resolver el problema teórico y epistemológico que conlleva.
En relación a lo mencionado anteriormente, Margarita Rozas Pagaza aporta una propuesta superadora la comprensión del objeto de intervención desde una mirada crítica, este adquiere nueva significación desde la perspectiva del campo problemático. Entiende que este se construye desde la reproducción de la vida cotidiana de los sujetos, explicitada a partir de múltiples necesidades donde se explicita la cuestión social…[1] y es allí en esas situaciones concretas se va delimitando nuestro quehacer profesional.
Al mismo tiempo, propone la articulación teórico-práctica mediante un proceso espiralado que guía el quehacer profesional y la producción de teoría de trabajo social. De este modo se supera el problema relacionado a la cientificidad de la disciplina.
En el campo de la educación el Trabajo Social, fundamentalmente en la educación media, se inserta en los Servicios de Orientación como ejecutores de políticas focalizadas en el marco de las políticas de ajuste de la década del 90¨. Por consiguiente, se le asigna roles a priori a los profesionales de los mismos conforme a las normas legales (resolución 507/07, 901/07, 1311/07).
En relación a lo mencionado se plantea como “rol o función primordial colaborar en el proceso educativo para la prevención del fracaso escolar en las instituciones educativas, y que las funciones serán jerarquizadas en función del contexto escolar, favoreciendo los objetivos del Proyecto Educativo Institucional (PEI)”[2]. En este marco el rol del trabajador social se visualiza como estático como diría Rodolfo Nuñez hasta hoy siguen vigentes al quehacer profesional los moldes asistencia, de gestión, de promoción y educativo que no se pueden negar, el autor no los niega, los reivindica como estrategias de intervención.
Por lo tanto si nuestro quehacer profesional solo se limita a solo cumplir con el mandato que se nos asigna desde la institución escuela nos limitaremos a hacer una lectura sesgada de la realidad sin poder realizar una mirada crítica de nuestras prácticas. Nuñez agrega que la predeterminación del rol profesional “no permite el logro de un abordaje que contemple la dinámica, como complejidad e integralidad de la cuestión social, abordando solo la dimensión para la que dichos roles fueron creados[3].
A mi entender el desafío actual consiste en llevar a cabo intervenciones desde un enfoque multidimensional, el cual posibilita la complementación de saberes y miradas en las intervenciones, facilitando el abordaje de las distintas problemáticas a nivel familiar; grupal y comunitario, dada la heterogeneidad, la complejidad y la vertiginosidad, que caracterizan a la realidad social.
Nuestra disciplina se define por “el hacer”, el cual se va construyendo en la conformación del campo problemático que menciona Margarita Rozas, así el aporte del trabajo social al campo educativo consiste en poder problematizar situaciones de la vida cotidiana de los sujetos de aprendizaje aplicando contenidos adquiridos por los mismos en sus trayectorias escolares. Por ejemplo: en el nivel medio en el espacio curricular Proyecto de intervención socio-comunitaria necesitan aplicar contenidos previos de: geografía, sociología, lengua, economía, contabilidad, etc…
Al mismo tiempo se puede establecer un paralelismo en relación a la intervención profesional, la praxis, y la práctica educativa, ya que ambas prácticas abordan situaciones concretas de la vida cotidiana de los sujetos y se nutren de teoría que las sustenta en un proceso que se retroalimenta. Si bien en ambos casos planificación ordena de alguna manera el proceso, las mismas son flexibles porque parten de la praxis. Además, en ambos casos la evaluación del proceso ayuda a direccionar las prácticas y la investigación favorece la producción de teoría en cada uno de estos campos.
[1] Parra Gustavo. El Objeto y el Trabajo Social.
[2]Escuela Nº 4- 189 Álamos Mendocinos
[3] Nuñez Rodolfo. Redes Comunitarias .Capítulo 1 Desde el rol estático a la posición dinámica en las prácticas del Trabajo Social. Ed. Espacio .2008.Pag. 26.
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